NACIONAL
22-02-2012

Los "Piratas" nos siguen robando

La disputa por los recursos naturales explotados por Gran  Bretaña en las islas Malvinas se ha convertido en un punto central del debate sobre la soberanía. Argentina denunció por primera vez en 2005, durante la presidencia de Néstor Kirchner, la explotación pesquera -con licencias por 25 años que se realiza desde las islas, bordeando el territorio marítimo nacional.

04:53 | La protesta argentina llegó al Comité de Descolonización de las Naciones Unidas, que sigue revisando el asunto. Hoy la atención se centra sobre un recurso con el potencial de generar una cantidad enorme de ganancias para los británicos y cuya escasez mundial lo convierte en un asunto estratégico global: el petróleo.

Según un informe de la empresa Eddison Investment Research, las ganancias para el gobierno de las Malvinas podrían llegar a ser de 167 mil millones de dólares por los próximas dos décadas, lo que representa 8.350 millones de dólares cada año. Actualmente la actividad más lucrativa para el archipiélago recae sobre la pesca, especialmente de langostinos, que representa ingresos de aproximadamente 25 millones de dólares anuales.

En Inglaterra muchos analistas se cuestionaron en los últimos días si vale la pena sostener el importante aporte económico que genera la enorme presencia militar en las islas, cuando el desempleo y la falta de inversiones aquejan especialmente a sus pobladores en las principales provincias del estado.

Según datos del Ministerio de Economía inglés hoy el costo de mantenimiento de los buques, aviones y militares ronda los 100 millones de dólares anuales, cifra que supera el presupuesto total de las Malvinas (según el sitio oficial, de 80 millones de dólares), y que se incrementará en dos millones más cada año, por el valor de actualizar las tropas. Esto significa que en cada uno de los kelpers -poco más de tres mil personas- el gobierno del Reino Unido gasta más de 31 mil dólares por año para su defensa.

Por estas razones se generó un cruce importante entre los ocupantes de las islas y el gabinete del primer ministro David Cameron respecto de quién será el encargado de administrar los beneficios que podría dar la actividad petrolera. Si bien desde el gobierno central se propuso que parte del dinero sea controlado por los habitantes de las islas -lo referido al gasto de defensa, que hoy es aportado íntegramente por Gran Bretaña- se hizo hincapié en que las ganancias serán distribuidas desde el Ministerio de Economía.

Por su parte, el gobernador de las islas, Nigel Haywood, anunció que “finalmente” su administración será “absolutamente autosuficiente” y podrá tener “importantes ganancias”, aunque recalcó su deseo de “realizar los aportes que sean necesarios al gobierno de su majestad”. Desde Inglaterra consideran fundamental el desarrollo de la industria petrolera para solventar y justificar su presencia en el Atlántico Sur, especialmente en estos años de dificultades económicas, cuando su presupuesto militar es duramente cuestionado y la lejanía con las Malvinas representa un abismo de difícil sorteo para sus habitantes, que no sienten ninguna simpatía con los kelpers.

A pesar de la ya entablada disputa entre británicos e isleños por el control del petróleo a extraer, los informes sobre su disponibilidad son contradictorios. Mientras las empresas que operan en las cercanías de las islas -la exploración se realiza off shore, sobre la plataforma marina- aseguran que las expectativas son excelentes, desde el gobierno de David Cameron no se animan a respaldar estas afirmaciones.

Durante un debate en la Cámara de los Comunes del parlamento realizado a fines de enero, el ministro de Energía, Chris Huhne, aseguró que los reportes iniciales fueron “decepcionantes”. El funcionario declaró: “Esto podría cambiar en el futuro, pero las expectativas no son altas”, ante la pregunta del conservador parlamentarista Andrew Rosindell -el mismo que dijo que no cederán “ni un milímetro de tierra británica a la Argentina-. Incluso desde una de las firmas se informó que el crudo hallado en Malvinas es de “baja calidad”, lo que hace muy costoso el refinamiento y reduce considerablemente las posibles ganancias de su extracción.

La diplomacia surge efecto La presión regional sobre la economía de las islas se ha convertido en un punto a tener en cuenta por todos los actores que piensen en participar de algún emprendimiento económico. Esto se notó en un congreso realizado en Estados Unidos, donde los empresarios británicos intentaron conseguir aportes para la exploración en Malvinas.

Tal como se esperaba desde el gobierno argentino, las trabas para los barcos que utilicen la bandera kelper -tienen prohibido atracar en cualquier puerto sudamericano- fueron un asunto clave para que las distintas propuestas inglesas fueran rechazadas. Además del bloqueo continental, se tuvo en cuenta el desconocimiento sobre la geografía del archipiélago y su lejanía con los principales centros mundiales de control económico.

La defensa argentina sobre los recursos naturales no renovables que se están explorando -en el caso del petróleo- y explotando - en el caso de la ganadería y la pesca- sobre un territorio cuya soberanía está en disputa es un aspecto central de la actual escalada diplomática nacional, que tiene su respuesta en términos militares desde Gran Bretaña. Precisamente los cruces comenzaron cuando el Reino Unido anunció el inicio de las exploraciones para buscar petróleo y otros combustibles, como gas, en la plataforma marítima que estableció en 1982 tras su victoria militar.

Mientras se acerca el 30 aniversario del conflicto bélico, el Gobierno argentino reitera su decisión de negociar pacíficamente la soberanía de las Malvinas, reclamando que no se exploten los recursos naturales que le pertenecen por derecho y aumentando la presión para que su par británico finalmente haga lugar al reclamo latinoamericano y de Naciones Unidas.

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